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jueves, 21 de julio de 2016

El ovillo


En círculos sobre nosotras mismas y nuestras circunstancias...
Repitiendo una y otra vez las mismas decisiones y actitudes que nos hacen sufrir...
Enredando el ovillo de nuestra existencia en lugar de aclararla...
Hay una salida y no es la más evidente, o si?







domingo, 10 de julio de 2016

Pensar versus Amar

"Pensar apaga el Amor,
pero el Amor elimina el sufrimiento,
por ello Pensar nos encadena al sufrimiento."

Ese es el motivo de que existan tradiciones milenarias, así como prácticas más modernas, que nos ayudan a disminuir la corriente de pensamientos y el caos de nuestra mente. Desde la contemplación o prácticas corporales como el yoga o el chikung, hasta el "moderno" mindfulness, buscan con ahínco cesar nuestros pensamientos para liberarnos del sufrimiento. ¿Pero por qué pensamos?

En primer lugar porque lo necesitamos, es algo natural, algo a lo que no podemos renunciar si queremos continuar vivas, al igual que no podemos renunciar a nuestro ego.

En segundo lugar porque nuestras neurosis son gérmenes de pensamientos, nuestros problemas personales, nuestros conflictos emocionales y nuestros traumas inconscientes nos obligan a preocuparnos de cosas que probablemente nunca sucedan y nos alejan de la realidad creando nuestro propio mundo mental, donde suceden cosas y los demás actúan de forma que sólo son reales para nosotras, de ahí nuestra natural dificultad para comunicarnos con otras y hacernos entender, agravando nuestra sensación de soledad existencial. Tanto o más importante que cesar nuestros constantes pensamientos es sanar nuestras neurosis, auténticas fuentes inagotables de pensamientos neuróticos y recurrentes.

En tercer lugar pensamos porque queremos dejar de pensar, y eso es como querer dejar de respirar, se puede hacer un momento no siempre. Luchar contra nuestros pensamientos, querer dejar de tenerlos es la mejor manera de fomentarlos, cuando luchamos contra algo en nuestro interior ese algo se fortalece. Por eso la práctica contemplativa es la forma más elevada de meditación y la única que nos puede conducir por el camino de la liberación del sufrimiento, consiste en observar nuestros pensamientos, no intentar reprimirlos, si no simplemente dejarlos pasar en nuestra mente como si fueran nubes en el cielo; y por supuesto llevar esa actitud a toda nuestra vida, observando tanto lo que sucede en nuestro interior como en nuestra vida, sin juzgarlo, sin calificarlo, sin buscar lo que nos gusta y rechazar lo que nos disgusta, siendo sinceras con nosotras mismas. Algo muy difícil en un mundo donde reina la hipocresía y la falsedad.

En el zen se habla de la conciencia Hishiryo, un estado de conciencia donde el practicante zen alcanza un estado donde sus pensamientos se originan más allá del pensamiento normal, su traducción es pensar a partir del no pensar. En ese estado tu mente analítica, tu ego, a dejado de dominarte y puedes expresarte desde niveles más profundos y elevados de conciencia y por ende más alejados del sufrimiento, del apego y de las pasiones. Algo parecido a Amar.