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lunes, 30 de diciembre de 2013

El timo del príncipe azul y la media naranja

Haganse a la idea chicas y chicos no existen ni los principes azules ni las princesas del mismo color. Nadie llegará a rescatarnos de nuestra mediocre existencia para llenarla de color, o si no por qué creen que todos los cuentos terminan cuando se casan; porque si contaran lo que viene después sería un desastre para el futuro de la humanidad.
Que les quede claro nos engañan desde pequeñitos contandonos un cuento que nunca se cumplirá. Es hora de despertar a la realidad no hay nadie perfecto que colme todas nuestras aspiraciones, estás son tantas que necesitariamos a miles de personas para cumplirlas; sólo hay seres humanos con sus virtudes y sus defectos, sin que esté claro de antemano que es una virtud o un defecto. Personas como nosostros con sus claros y sus oscuros con los que podemos compartir cosas y sentimientos pero que nunca podrán ser nuestra media naranja, pues las medias naranjas no existen. Todos somos naranjas completas que tenemos todo lo que necesitamos en nuestro interior.
Otras personas podrán ayudarnos a encontrar en nosostros mismos lo que necesitamos, podrán ayudarnos a crecer como personas, a liberarnos de nuestras compulsiones que nos hacen sufrir y podremos amar a esas personas, sentirlas como una parte importante de nuestra vida, pero no la única ni la definitiva.
El alma gemela sólo existe en el espejo de nuestra mente, podemos escoger una pareja para siempre o para una epoca de nuestra vida o podemos estar solos. Nadie está obligado a estar enamorado, el enamoramiento puede dejar paso al amor o no, lo que no puede es durar eternamente; si nuestro corazón está cerrado nunca llegará el amor e iremos de enamoramiento en enamoramiento hasta el fín de nuestros días, o lo que es peor estaremos con alguien por rutina, comodidad o miedo al cambio.
El amor no entiende de sexos, ni de posesiones; sólo entiende de respeto, libertad y apoyo mutuo.
La confusión
La princesa desAmarrada
La princesa azul. Cuento infantil
El Compromiso. Manifiesto para una nueva humanidad
La felicidad
La vida no es facil ni dificil
Cuando ves algo bueno

domingo, 29 de diciembre de 2013

El niño sin sombra. Cuento infantil



El niño se levantó de la cama como otro día cualquiera, entró en el cuarto de baño y después desayunó un poco medio adormilado. Su madre lo dejó en el colegio y pasó las primeras horas entre la apatía y el sueño atrasado. Salió a jugar al patio, aunque tenía amigos no era extremadamente sociable. Lucía un sol radiante y pronto estuvo sudando a pesar de ser invierno, ya casi al final del recreo alguien observó algo raro.
Uno de sus amigos empezó a decir que no tenía sombra, el niño no recordaba cuando fue la última vez que tuvo sombra, la verdad es que es algo que uno no va comprobando continuamente, y no tenía ningún motivo para preocuparse por si tenía sombra o no, lo normal es que este te acompañe a todos lados. Sus amigos se pusieron en fila junto a él y todos proyectaban sus propias sombras, faltaba la suya, todos se quedaron en silencio. En ese momento sonó el timbre del final del recreo y todos volvieron a la clase. Uno de sus amigos de por naturaleza muy hablador le comentó al profesor lo sucedido, este miro a ambos niños y dudó por un momento, antes que sus preocupaciones como profesor de una clase de más de 20 niños le devolvieran a su realidad.
Pasó el resto del día y nadie más se acordó de la sombra, ni siquiera el niño. Al acostarse se acordó y bostezando le contó lo sucedido a su mama, esta le dijo que no tenía importancia y que se durmiera. La madre al salir del cuarto le contó lo que le había dicho el niño al padre que estaba viendo la televisión.
─¿Crees que deberíamos llevarlo al psicólogo? ─preguntó ella. ─Si empieza a inventarse cosas igual es algún problema.
─No creo ─respondió el padre.
Vinieron varios días en que estuvo nublado y nadie se acordó más de lo sucedido, pero el niño empezó a mostrarse triste pues cada noche tenía un sueño en el que estaba en el patio del colegio y no tenía sombra, además su cuerpo se iba aclarando hasta casi desaparecer.
Como siempre sucede, volvió a salir el sol y nada más salir al recreo uno de sus amigos empezó a gritar que no tenía sombra, al poco todos los niños estaban arremolinándose alrededor, pero no veían nada pues tantas sombras tapaban la posible sombra del niño. Varios niños mayores pusieron orden y todos se quedaron en silencio mientras el niño se ponía en medio sin que apareciese su sombra. Una cuidadora se acercó para ver que sucedía, no se dio cuenta al principio pues sólo veía a un niño rodeado de otros niños, iba a mandarlos a jugar de nuevo cuando uno de los mayores le dijo que el niño no tenía sombra. La cuidadora lo miró intentando asegurarse de que lo que veía era cierto, cuando salió de su asombro se acercó al niño y le pregunto si estaba bien. Claro que estaba bien, él sólo quería seguir jugando que más da que tuviera sombra o no.
Llamaron a su madre, está acudió inquieta pues no sabía si le habría sucedido algo al niño, el que no le hubieran querido decir que sucedía por teléfono dejaba claro que enfermo no estaba y que o bien se había portado mal o era un tema de agresiones, y su hijo no era de los que pegaban, así que muy posiblemente sería que le habían pegado. Su extrañeza aumentó más cuando la recibió el director y le dijo que la acompañara que no podía explicarle lo que sucedió sin que viera antes algo, la tranquilizó diciendo que el niño estaba bien y que no había sucedido nada malo.
Recogieron al niño en la clase y si bien estaba cabizbajo no parecía tener señales de que le hubieran pegado. El director insistió en que al llegar al patio lo entendería todo. Allí se pusieron bajo el sol invernal y el director le preguntó a la madre si no veía nada extraño en su hijo, ella miró a su hijo una y otra vez sin advertir nada, cada vez estaba más malhumorada.
─Su hijo no tiene sombra, señora ─dijo secamente el director. Ella pensó que estaba loco o que ella estaba soñando pero miró a su hijo y efectivamente no tenía sombra, pero eso no podía ser. En cualquier momento se despertaría y todo volvería a ser normal. Pero no se despertó.
Esa tarde la madre fue con su hijo a urgencias, no sabía dónde ir y ella estaba entrando en un estado de nervios que amenazaba con necesitar medicación. Con cada enfermera o médico se repetía la misma historia, ella contaba lo del problema de la falta de sombra de su hijo, todos la miraban como si estuviera loca y tras mucho insistir consentían en poner una lámpara de mesa contra el niño para ver que su sombra no aparecía en la pared. Todos se quedaban sin habla y la remitían a un nuevo especialista, pronto se vio recorriendo los pasillos del hospital con una comitiva tras ellos digna de un visitante famoso.
Cansada decidió volver a casa y tras suplicarle llorando a su marido que no estaba loca le tuvo que demostrar, haciendo de nuevo lo de la lámpara que su hijo no proyectaba sombra. Como podéis imaginar el niño no entendía nada pues él aunque se encontraba bien cada vez estaba más preocupado porque si su madre se ponía a sí era que lo de no tener sombra sería muy grave, total si a fin de cuentas la sombra no sirve para nada.
Siguieron varios días en que la sorpresa inicial dio paso a la costumbre y ya casi nadie hacía caso a su falta de sombra, pero él se notaba raro era como si su piel fuera un poco más clara. En su casa nadie comentaba nada a la espera de un encuentro con un eminente neurólogo especializado en casos raros de origen cerebral.
Todo iba bien hasta que comentando el caso las madres en la puerta del colegio a una se le ocurrió preguntar en voz alta, si aquello de no tener sombra no podía ser algo contagioso; la histeria se apoderó de las madres pues si nadie sabía lo que era igual era el síntoma de algo más grave.
Al día siguiente faltaron niños al colegio y un grupo de madres insistió en ver al director, ante la falta de explicaciones de este, decidieron no llevar sus hijos al colegio. Los otros niños empezaron a no querer jugar con él y la falta de asistencias motivó una inspección escolar sanitaria. Lo miraron por todos lados de su cuerpo y determinaron que no tenía síntoma contagioso alguno. Pero uno de los inspectores observo la excesiva claridez de su piel y no le pareció normal por lo que recomendó que no se mezclara con otros alumnos.
Pronto estuvo sólo y nadie se acercaba a él, sus padres ante la falta de resultados de la visita la eminente neurólogo, decidieron que sería mejor que no saliera a la calle, sobre todo desde que su caso había salido en las noticias y no dejaba de haber periodistas en la puerta de la casa.
El niño se pasaba la mayor parte del tiempo en la cama y observaba con miedo como veía sus venas a través de la piel. Aquello no podía seguir así pero no sabía qué hacer. Sí su sombra se había marchado igual podría volver si la llamaba, gritó hasta que le dolió la garganta pero seguía sin reflejar nada en la pared al ponerse delante de la lámpara; se pintó con rotuladores por el cuerpo sin resultado, todo era en balde.
Esa noche durmió y soñó que volvía a tener sombra pero al despertarse vio que todo seguía igual, perdió las ganas de comer y de levantarse de la cama.
Cada noche soñaba que tenía sombra pero al levantarse no sucedía nada y su piel aclaraba más, ya podía ver sus huesos.
Pensó que podía preguntarle al sueño cómo hacer para tener sombra también despierto. Se durmió varias noches con la idea de preguntarle al sueño pero por la mañana no obtenía respuesta. Como no comía ya no se levantaba nada más que para ir al cuarto de baño, a su madre la tuvieron que ingresar con una crisis nerviosa y una tía suya lo cuidaba mientras su padre trabajaba. Su padre se sentaba junto a él cuando volvía del trabajo y se quedaba mirándolo en silencio, tampoco entendía nada.
Durante una siesta, se vio jugando en un prado al pronto le llamó la atención que nada tenía sombra, no era él el único que no tenía sombra. Se encontró a un anciano con barba blanca y pelos largos blancos, el niño le hablaba pero no podía escuchar lo que le contestaba el anciano, gritaba en el sueño porque quería volver a tener sombra pero las palabras del anciano no llegaban a sus oídos. Despertó sobresaltado y gritando, su tía lo tranquilizó como pudo. Mientras estaba entre sus brazos, decidió que si él quería tener sombra la tendría y trabajaría todo el día para tener sombra.
Sólo pensaba en eso, en tener sombra; seguía comiendo poco y se pasaba el día acostado, pero cada mañana se miraba en la pared con una luz detrás para ver si proyectaba sombra, no la veía pero él seguía concentrado en tenerla. Un día creyó ver su sombra y fue corriendo a decírselo a su tía, esta como pudo le dijo que ella no veía nada, pero de pronto cayó en la cuenta que la piel del niño no estaba tan clara y se echó a llorar.
Sin decirle nada al padre los dos se pusieron pensar en que el niño volvía a tener sombra y aunque pasaban los días y está no volvía, si era verdad que su piel cada vez era menos clara. Los médicos dijeron que parecía una reversión de los síntomas. Al escuchar esta noticia la madre se recuperó y volvió a casa, se encerró con el niño en el cuarto y los tres, el niño, la madre y la tía pensaron en que la sombra volvía con su hijo.
Pasaron varias semanas sin que la sombra apareciese pero la piel del niño tomo su color normal. Hasta que una mañana vieron pagada al suelo, en la pared donde debería proyectarse la sombra del niño una pequeña figura oscura que se movía como el niño, parecía un bebe sombra. Lloraron de felicidad y como el sol estaba fuera salieron a la calle, si bien la sombra no era más grande, a la luz del sol si era más oscura. Un especialista en algo que ni ellos mismos recuerdan les dijo que quizás la luz del sol ayudaría a crecer a la sombra. Caminaban bajo el sol y pasaban horas sentados recibiendo sus rayos, poco a poco la sombra crecía hasta casi ocupar su tamaño real. Llegó la hora de volver al colegio.
Al principio los niños lo esquivaban, más por la presión de sus padres que por otra cosa, pero pronto sus amigos volvieron a jugar con él y su madre superó su crisis nerviosa.
Con el paso de los años al no quedar pruebas físicas ni un origen de lo sucedido algunos especialistas estirados se atrevieron a sostener que todo había sido debido a un episodio de alucinación colectiva.














sábado, 28 de diciembre de 2013

La princesa azul. Cuento infantil



Había en un país muy lejano una hermosa e inteligente princesa que era el orgullo de su padre y la admiración de todos los ciudadanos. Su padre, el rey, decidió que su hija era demasiado valiosa para tomar como pareja a cualquiera y conociendo, por su cargo real, como eran de fantasmas los nobles y ricos del lugar que no paraban de cortejarla, después de hablar con su hija llegaron al acuerdo de que lo mejor era confinarla en una torre desde donde ella podría escoger al pretendiente adecuado. La Princesa Azul sólo puso como condición que le permitieran llevarse como mascota al dragón que la maga del reino le había regalado por su mayoría de edad; el dragón estaba conectado por un hechizo al corazón de la princesa, por lo que cuando ella estaba contenta no paraba de gruñir y echar pequeñas llamaradas por los boquetillos de la nariz pero cuando se enojaba, bueno cuando se enojaba mejor no estar por allí. La Princesa Azul le puso corazón de nombre a su dragón por motivos evidentes.
La princesa y el dragón lo pasaban muy bien en su torre, ella estaba en la habitación más alta y debajo dormía el dragón, gracias a eso hacía tanto calorcito en su cama que podía dormir en tirantes y pantaloncitos cortos, cuando llegaba algún pretendiente por la noche a cantarle alguna serenata al salir ella al balcón con tan poca ropa los dejaba afónicos con su belleza; pero como ella era tan inteligente no se dejaba convencer con halagos y falsas promesas de amor, en esos momentos corazón intervenía y la mayoría de falsos pretendientes huían colina abajo con sus pelos chamuscados, hasta los del pecho.
Todos los días paseaba a lomos de su dragón, corazón la llevaba por todos los rincones del país y saludaban a todos sus habitantes que estaban muy orgullosos de su buen sentido común.
Un día llegó un noble con verdaderas promesas de amor, a la princesa le pareció que podría ser una buena pareja y usando la lógica le dijo que pasaría una temporada en su castillo para tomar la decisión definitiva, el noble afirmó que sólo su presencia colmaría su corazón para toda su vida aunque terminara rechazándolo. Corazón se relamió preguntándose si tendría la oportunidad de comerse un hombre tan bien alimentado.
Tras varios meses la princesa empezó a encontrarse triste, corazón cada vez estaba más afligido y había perdido su apetito, en lugar de la vaca que se comía cada día ahora se conformaba con una cabra; la delgadez de corazón empezó a preocupar a la Princesa Azul. Aunque el noble la colmaba con todo su riqueza sin negarle el más mínimo deseo, incluso llegó a subirles el sueldo a los sirvientes y empleados del castillo porque a ella le pareció que estaban mal pagados.
Pero ni su corazón ni el dragón pudieron llegar a sentir algo auténtico por aquel hombre. ¿Cuál era el problema? Pues el problema era que aunque noble la tenía muy bien atendida y la princesa no tenía que trabajar ni preocuparse de nada, él pensaba que la mujer tenía que obedecer al hombre, estar siempre a su disposición y nunca salir sin él. Ella se sentía como un pajarillo enjaulado y una noche sin luna partió a lomos de corazón de vuelta a su torre.
Allí pasó otra temporada hasta que llegó un hombre aunque sencillo muy rico; tenía tierras y molinos de cereales y le gustaba trabajar el mismo. La Princesa Azul cansada de no hacer nada pensó que un poco de trabajo no le vendría mal. Se fueron a la casa del campo del hombre y princesa se divertía limpiando, cocinando e incluso cultivando un pequeño huerto; hasta corazón ayudaba recogiendo las vacas que se extraviaban, lo único que tenían que ponerle un bozal para que no se las comiera todas.
Pero de nuevo tras varios meses, la princesa empezó a sentirse cansada, el trabajo era constante, no se podía imaginar que una casa de campo diera tanto trabajo y aunque el hombre era bueno, sólo quería trabajar y nunca iban a fiestas o de viajes; por lo menos su cuerpo se había puesto fuerte. Al poco en cuanto llegó la siguiente noche sin luna, partieron ella y su dragón con gran alivio de corazón cansado de perseguir vacas a las que no podía comerse.
Su padre comprensivo siguió alimentando a ambos en la torre y eso que corazón necesitaba de mucho dinero dado su apetito voraz.
Pasaba el tiempo y Princesa se decía si no sería mejor quedarse en la torre con corazón y disfrutar de aquel lugar con lo que había aprendido en el campo ya podía cuidar ella sola de la casa y cultivar un huerto para alimentarse; el único problema era alimentar a corazón que necesitaba una vaca al día y su padre no iba a consentir con ese gasto para siempre.
Cómo estaba cansada de hombres con dinero en cuanto aparecía un carruaje lujoso corazón se lanzaba desde la torre y le chamuscaba el techo.
Al tiempo llego un deportista, el mejor del lugar; pensó que no estaría mal, hacían carreras, subían montañas, nadaban en lagos y lo mejor es que los fines de semana salían a bailar; poco a poco se fue sintiendo mejor y aprendió a divertirse; el problema era que el deportista competía mucho y no estaba seguro de querer un compromiso para siempre. A ella le gustaba mucho pero necesitaba en su vida alguien que se hiciera cargo de corazón y con el deportista el dragón corazón tenía que quedarse muchas noches sólo en casa.
Volvió a la torre, tras varios intentos con un carpintero, … y un masajista, que tenía unas manos de maravilla. Un día mientras jugaba con la cola del dragón que dormitaba pensó que era una mujer inteligente y fuerte, y que como había aprendido a trabajar podría buscar un trabajo y buscarse una casa y mantener ella a corazón.
Sin dudarlo se fue a la ciudad, se puso a trabajar y buscó una casa con un jardín para su dragón corazón. Al principio trabajaba mucho y cobraba poco pero por lo menos ya no tenía que aguantar la procesión de pretendientes y dragón estaba contento trabajando paseando a los niños, aunque para tranquilizar a los padres le tuvo que poner un bozal.
Los días que hacía bueno y no tenía que trabajar paseaba con corazón por el parque de mascotas, bueno en realidad era de perros pero a ella le gustaba llamarlo de mascotas para no sentirse rara llevando a un dragón de paseo. Los perros se habían acostumbrado al dragón y este a pesar de que se los hubiera comido a todos, por culpa de su bozal no le quedaba más remedio que aletear tras ellos.
Un día en el parque de mascotas conoció a un hombre interesante, era agradable y la trataba con respeto y aunque no tenía pareja no se le insinuaba como la mayoría de los hombres. Cada vez pasaban más tiempo juntos y ella le invitó a ir a su casa para conocerse mejor. Corazón echaba pequeñas llamaradas por los orificios de la nariz.
Al tiempo como se gustaban decidieron irse a vivir juntos; a la Princesa Azul le gustaba porque no le pedía que le obedeciera, ni que limpiara la casa o trabajara, ni esperaba que hiciera las mismas cosas que él. Hablaron de casarse en varias ocasiones y si tendrían niños pero no se plantearon obligaciones dejando que la vida fuera llevándolos a su ritmo.
Y este cuento se ha acabado y no podemos decir que fueron felices y comieron perdices pues ambos, como les gustaban tanto los animales, se habían hecho vegetarianos.












La primera noche



Una lágrima rueda sobre mi mejilla. El olor a putrefacción impregna con su hedor toda mi habitación, aunque sólo esté en mi mente, algo ha muerto y por mucho que lo desee no va a resucitar.
Se veía venir, pero me negué a aceptarlo, el olor a cadáver hacía tiempo que llenaba la casa, las malas palabras, los silencios, todo tenía que haberme hecho consciente de que la relación de mis padres estaba muerta y sólo quedaba enterrarla. Y el entierro ha sido hoy.
Los dos han hablado conmigo, me han explicado que les desagrada que esto suceda, que no quieren que me afecte. Palabras.
Mi vida se ha muerto con su relación. Desde que tengo uso de razón tuve padres, no sé cómo es vivir sin uno de ellos. Sabía de otros que les pasaba pero a mí no me iba a pasar, eso era a los demás. Mis padres no eran así y resulta que sí lo son. Los odio.
Mama ha llorado toda la tarde, yo no, ¿para qué? Las lágrimas no van a traer de vuelta a papa, aunque ni siquiera sé si él se quería ir o es mama quien no quiere que esté aquí. ¿Qué más da? Todo es una mierda.
No puedo dormir, si por lo menos pudiera llorar de una vez, tan sólo produzco estás patéticas lágrimas que ruedan por mi piel. Me lo han explicado ambos, pero no lo entiendo, no entiendo nada, ni sus palabras ni porqué se tienen que separar. Si siempre he vivido con ellos dos como voy a entender que ya papa no esté. Tendré que adaptarme.
Eso haré, mañana me levantaré como si nada hubiera pasado e iré al instituto y le comentaré está mierda a mis amistades, de pasada que no se crean que me afecta. Aprenderé a vivir de nuevo, aunque un pozo sin fondo se abra en mi corazón. Ahora que no piensen que les voy a sonreír cuando aparezcan con otra pareja, que ni lo sueñen.