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miércoles, 12 de octubre de 2016

El insondable vacío del sinsentido de la existencia

No es bueno asomarse mucho a ese vacío y yo lo he hecho en numerosas ocasiones a lo largo de la vida, una tendencia nihilista, intrínseca a mi, alguien que antes de los 20 años ya había leído “El corazón de las tinieblas” de Conrad y “1984” de Orwell, y abandonado por imposible “El proceso” de Kafka. No fue la lectura temprana de esos libros los que provocaron en mi esa tendencia al sinsentido existencial, a caer en el vacío interior, si no que fue algo aprendido, vivido, mimetizado, de una madre que zozobraba en una vida sin sentido para ella y carente de satisfacciones, debido a su innata incapacidad para ver algo positivo en cuanto le acontecía o para disfrutar de la vida.

Es un agujero negro en mi interior que cuando puede devora mi existencia convirtiéndola en anodina e insoportable, cual maniaco depresivo en fase aguda todo deja de tener sentido a mi alrededor, pasado el tiempo, ese agujero negro termina expulsándome hastiado de mi tediosa existencia. En ese momento me suelo sentir renovado, como si alguno bestia del averno de mi oscuridad hubiera sido derrotada, cual lavadora, esos momentos de tedio existencial producen una mayor blancura de mi espíritu.

Más bien la certeza de la existencia en mi de ese vacío existencial me hizo acercarme a esas lecturas que indagan en la naturaleza misma del ser humano y sus límites, si es que existen. Pero no es algo que me suceda sólo a mí, aclarando que todas mis pacientes me hablan de mí, es decir que ponen de manifiesto una problemática, la suya, que en menor o mayor medida también sufro en mi interior. Como un drogadicto del sufrimiento todas me dan algo importante para mí. Este año he tenido varias pacientes de 25 años, y ellas me recuerdan tanto a mí con esa edad, cuando pensaba que me iba a comer el mundo y después fue el mundo el que me comió a mí. Entre ellas hay una que comparte conmigo, o más bien vive con mayor intensidad ese vacío del sinsentido de la existencia, me recuerda mucho a mí, en su sufrimiento y su profundo dolor, y en sus estrategias para intentar huir de su opresiva realidad, sueños de experiencias y aventuras, de partir dejándolo todo atrás, frente al miedo de no poder ser capaz o de no tener la fuerza suficiente para perseguir sus sueños. Como es lógico en mi le he cogido cariño y mi vena paternalista aflora con fuerza, realmente podría ser su padre, pero si lo soy no podré ayudarla.


Época de tomar decisiones que nos marcarán para siempre, y dejarse llevar por la corriente de la costumbre o de lo que se espera de nosotros también es tomar una decisión. Todos queremos acertar, hacer lo mejor para nosotros, avanzar hacia la felicidad; esfuerzo vano inútil cuando el único sentido de la vida es vivirla y cuando las razones de nuestro sufrimiento o felicidad se encuentra en nuestro interior y sólo competen a nosotros mismos. No hay decisiones correctas o incorrectas, hay reconocer todo lo que albergamos en nuestro interior y vivir respetándonos a nosotros mismos.