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Copyright Francisco José Del Río Sánchez 2008

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viernes, 18 de abril de 2014

Las flores silvestres



Había unas niñas jugando en un prado y se divertían arrancando florecillas pues era primavera. ¡Linda primavera que llena los campos del alborozo de las flores silvestres!
Arrancaban tantas que ya no les cabían en sus manos, pero ellas no se preocupaban pues siempre había una florecilla nueva por cortar. Tras el grupo de niñas quedaba un rastro de flores arrancadas, condenadas a una prematura marchitación.
Llegó la noche y se cerraron todos los capullos del prado; esa noche que era de luna creciente, apenas se distinguía un hilillo de luz curvando a la luna, se produjo un fenómeno extraordinario. La flor más inteligente del campo, la amapola, si, no me miréis con cara de extrañeza, hay flores más listas que otras que aun siendo bellas aprovechan la ostentación de otras para sobrevivir más tiempo florecidas. De todas es sabido que breve es la vida de una rosa, por ejemplo, capullo de rosa que va a abrirse capullo que se corta.
Como os iba diciendo una de las listillas del campo, la amapola, se abrió de noche y se puso a despertar a sus vecinas, a su vez estas despertaron al resto de florecillas y pronto el prado se convirtió en una orquesta de quejas y un coro de lamentos.
Pero, ¿por qué se quejaban las flores?
Al parecer se quejaban del efecto devastador de la temible pandilla de inocentes niñas que arrasaban con el esfuerzo de las plantas poniendo en peligro la supervivencia de algunas especies. Pues al arrancar todas sus flores no podían producir semillas para reproducirse.
La amapola que era la más lista, como ya os he dicho, ya al despertar a las otras flores tenía un plan previsto; la mayoría de las flores se encerraron de nuevo en su capullo, horrorizadas ante la idea de la amapola. Sólo algunas más indómitas escucharon su propuesta: ¡Quería hacer una huelga de flores!
Claro que sí, no penséis lo contrario, las plantas y los animales también pueden hacer huelga.
La idea se extendió por todo el prado y casi todas las flores estuvieron de acuerdo a pesar de su sorpresa inicial. ¿Pero en que consiste una huelga de flores? Ahora lo veremos.
Salió el sol naciendo un nuevo día y algo raro sucedía en el campo. Cuando llegó el mediodía las niñas se acercaron risueñas al prado esperando recolectar su botín diario. Pronto se quedaron pasmadas con todas sus lindas boquitas abiertas. La mayoría de las flores estaban cerradas y sólo unas pocas se habían atrevido a abrirse, ni que decir tiene que estas sucumbieron al instante en manos de las angelitas. Las niñas no salían del asombro pero rápidamente se olvidaron poniéndose a jugar al corre que te pillo.
Esa noche una de las niñas soñó que las flores no se abrían porque tenían miedo de que las cogieran. Por la mañana se lo contó a sus amigas pero estas no le hicieron mucho caso y se dirigieron al prado pues seguro que estaría de nuevo lleno de flores. Para su sorpresa no había ninguna abierta. Todas miraron con cara de asombro a la niña del sueño y volvieron a sus casas en silencio.
Esa noche la niña soñó con un prado en el que no había flores pues todas estaban tiradas por el suelo. Justo al despertarse se le ocurrió una idea, si justo en ese momento en que no sabes si todavía duermes o ya te has despertado.
Le insistió a sus amigas en que sólo debían coger unas pocas florecillas para no perjudicarlas y que así hubiera flores todas las primaveras, por supuesto no coger las raras y escasas. Al llegar al prado ese día, se habían abierto algunas flores pues no podían aguantar más tiempo cerradas y se iban a estropear. Las niñas decidieron mirarlas y no coger ninguna.
Cada día se iban abriendo más flores y las niñas siguiendo el consejo de la soñadora solo cogían unas pocas hasta que todas las flores perdieron el miedo a abrirse. Las niñas y las flores hicieron las paces asegurando así eternas primaveras floridas en el prado.







domingo, 29 de diciembre de 2013

El niño sin sombra. Cuento infantil



El niño se levantó de la cama como otro día cualquiera, entró en el cuarto de baño y después desayunó un poco medio adormilado. Su madre lo dejó en el colegio y pasó las primeras horas entre la apatía y el sueño atrasado. Salió a jugar al patio, aunque tenía amigos no era extremadamente sociable. Lucía un sol radiante y pronto estuvo sudando a pesar de ser invierno, ya casi al final del recreo alguien observó algo raro.
Uno de sus amigos empezó a decir que no tenía sombra, el niño no recordaba cuando fue la última vez que tuvo sombra, la verdad es que es algo que uno no va comprobando continuamente, y no tenía ningún motivo para preocuparse por si tenía sombra o no, lo normal es que este te acompañe a todos lados. Sus amigos se pusieron en fila junto a él y todos proyectaban sus propias sombras, faltaba la suya, todos se quedaron en silencio. En ese momento sonó el timbre del final del recreo y todos volvieron a la clase. Uno de sus amigos de por naturaleza muy hablador le comentó al profesor lo sucedido, este miro a ambos niños y dudó por un momento, antes que sus preocupaciones como profesor de una clase de más de 20 niños le devolvieran a su realidad.
Pasó el resto del día y nadie más se acordó de la sombra, ni siquiera el niño. Al acostarse se acordó y bostezando le contó lo sucedido a su mama, esta le dijo que no tenía importancia y que se durmiera. La madre al salir del cuarto le contó lo que le había dicho el niño al padre que estaba viendo la televisión.
─¿Crees que deberíamos llevarlo al psicólogo? ─preguntó ella. ─Si empieza a inventarse cosas igual es algún problema.
─No creo ─respondió el padre.
Vinieron varios días en que estuvo nublado y nadie se acordó más de lo sucedido, pero el niño empezó a mostrarse triste pues cada noche tenía un sueño en el que estaba en el patio del colegio y no tenía sombra, además su cuerpo se iba aclarando hasta casi desaparecer.
Como siempre sucede, volvió a salir el sol y nada más salir al recreo uno de sus amigos empezó a gritar que no tenía sombra, al poco todos los niños estaban arremolinándose alrededor, pero no veían nada pues tantas sombras tapaban la posible sombra del niño. Varios niños mayores pusieron orden y todos se quedaron en silencio mientras el niño se ponía en medio sin que apareciese su sombra. Una cuidadora se acercó para ver que sucedía, no se dio cuenta al principio pues sólo veía a un niño rodeado de otros niños, iba a mandarlos a jugar de nuevo cuando uno de los mayores le dijo que el niño no tenía sombra. La cuidadora lo miró intentando asegurarse de que lo que veía era cierto, cuando salió de su asombro se acercó al niño y le pregunto si estaba bien. Claro que estaba bien, él sólo quería seguir jugando que más da que tuviera sombra o no.
Llamaron a su madre, está acudió inquieta pues no sabía si le habría sucedido algo al niño, el que no le hubieran querido decir que sucedía por teléfono dejaba claro que enfermo no estaba y que o bien se había portado mal o era un tema de agresiones, y su hijo no era de los que pegaban, así que muy posiblemente sería que le habían pegado. Su extrañeza aumentó más cuando la recibió el director y le dijo que la acompañara que no podía explicarle lo que sucedió sin que viera antes algo, la tranquilizó diciendo que el niño estaba bien y que no había sucedido nada malo.
Recogieron al niño en la clase y si bien estaba cabizbajo no parecía tener señales de que le hubieran pegado. El director insistió en que al llegar al patio lo entendería todo. Allí se pusieron bajo el sol invernal y el director le preguntó a la madre si no veía nada extraño en su hijo, ella miró a su hijo una y otra vez sin advertir nada, cada vez estaba más malhumorada.
─Su hijo no tiene sombra, señora ─dijo secamente el director. Ella pensó que estaba loco o que ella estaba soñando pero miró a su hijo y efectivamente no tenía sombra, pero eso no podía ser. En cualquier momento se despertaría y todo volvería a ser normal. Pero no se despertó.
Esa tarde la madre fue con su hijo a urgencias, no sabía dónde ir y ella estaba entrando en un estado de nervios que amenazaba con necesitar medicación. Con cada enfermera o médico se repetía la misma historia, ella contaba lo del problema de la falta de sombra de su hijo, todos la miraban como si estuviera loca y tras mucho insistir consentían en poner una lámpara de mesa contra el niño para ver que su sombra no aparecía en la pared. Todos se quedaban sin habla y la remitían a un nuevo especialista, pronto se vio recorriendo los pasillos del hospital con una comitiva tras ellos digna de un visitante famoso.
Cansada decidió volver a casa y tras suplicarle llorando a su marido que no estaba loca le tuvo que demostrar, haciendo de nuevo lo de la lámpara que su hijo no proyectaba sombra. Como podéis imaginar el niño no entendía nada pues él aunque se encontraba bien cada vez estaba más preocupado porque si su madre se ponía a sí era que lo de no tener sombra sería muy grave, total si a fin de cuentas la sombra no sirve para nada.
Siguieron varios días en que la sorpresa inicial dio paso a la costumbre y ya casi nadie hacía caso a su falta de sombra, pero él se notaba raro era como si su piel fuera un poco más clara. En su casa nadie comentaba nada a la espera de un encuentro con un eminente neurólogo especializado en casos raros de origen cerebral.
Todo iba bien hasta que comentando el caso las madres en la puerta del colegio a una se le ocurrió preguntar en voz alta, si aquello de no tener sombra no podía ser algo contagioso; la histeria se apoderó de las madres pues si nadie sabía lo que era igual era el síntoma de algo más grave.
Al día siguiente faltaron niños al colegio y un grupo de madres insistió en ver al director, ante la falta de explicaciones de este, decidieron no llevar sus hijos al colegio. Los otros niños empezaron a no querer jugar con él y la falta de asistencias motivó una inspección escolar sanitaria. Lo miraron por todos lados de su cuerpo y determinaron que no tenía síntoma contagioso alguno. Pero uno de los inspectores observo la excesiva claridez de su piel y no le pareció normal por lo que recomendó que no se mezclara con otros alumnos.
Pronto estuvo sólo y nadie se acercaba a él, sus padres ante la falta de resultados de la visita la eminente neurólogo, decidieron que sería mejor que no saliera a la calle, sobre todo desde que su caso había salido en las noticias y no dejaba de haber periodistas en la puerta de la casa.
El niño se pasaba la mayor parte del tiempo en la cama y observaba con miedo como veía sus venas a través de la piel. Aquello no podía seguir así pero no sabía qué hacer. Sí su sombra se había marchado igual podría volver si la llamaba, gritó hasta que le dolió la garganta pero seguía sin reflejar nada en la pared al ponerse delante de la lámpara; se pintó con rotuladores por el cuerpo sin resultado, todo era en balde.
Esa noche durmió y soñó que volvía a tener sombra pero al despertarse vio que todo seguía igual, perdió las ganas de comer y de levantarse de la cama.
Cada noche soñaba que tenía sombra pero al levantarse no sucedía nada y su piel aclaraba más, ya podía ver sus huesos.
Pensó que podía preguntarle al sueño cómo hacer para tener sombra también despierto. Se durmió varias noches con la idea de preguntarle al sueño pero por la mañana no obtenía respuesta. Como no comía ya no se levantaba nada más que para ir al cuarto de baño, a su madre la tuvieron que ingresar con una crisis nerviosa y una tía suya lo cuidaba mientras su padre trabajaba. Su padre se sentaba junto a él cuando volvía del trabajo y se quedaba mirándolo en silencio, tampoco entendía nada.
Durante una siesta, se vio jugando en un prado al pronto le llamó la atención que nada tenía sombra, no era él el único que no tenía sombra. Se encontró a un anciano con barba blanca y pelos largos blancos, el niño le hablaba pero no podía escuchar lo que le contestaba el anciano, gritaba en el sueño porque quería volver a tener sombra pero las palabras del anciano no llegaban a sus oídos. Despertó sobresaltado y gritando, su tía lo tranquilizó como pudo. Mientras estaba entre sus brazos, decidió que si él quería tener sombra la tendría y trabajaría todo el día para tener sombra.
Sólo pensaba en eso, en tener sombra; seguía comiendo poco y se pasaba el día acostado, pero cada mañana se miraba en la pared con una luz detrás para ver si proyectaba sombra, no la veía pero él seguía concentrado en tenerla. Un día creyó ver su sombra y fue corriendo a decírselo a su tía, esta como pudo le dijo que ella no veía nada, pero de pronto cayó en la cuenta que la piel del niño no estaba tan clara y se echó a llorar.
Sin decirle nada al padre los dos se pusieron pensar en que el niño volvía a tener sombra y aunque pasaban los días y está no volvía, si era verdad que su piel cada vez era menos clara. Los médicos dijeron que parecía una reversión de los síntomas. Al escuchar esta noticia la madre se recuperó y volvió a casa, se encerró con el niño en el cuarto y los tres, el niño, la madre y la tía pensaron en que la sombra volvía con su hijo.
Pasaron varias semanas sin que la sombra apareciese pero la piel del niño tomo su color normal. Hasta que una mañana vieron pagada al suelo, en la pared donde debería proyectarse la sombra del niño una pequeña figura oscura que se movía como el niño, parecía un bebe sombra. Lloraron de felicidad y como el sol estaba fuera salieron a la calle, si bien la sombra no era más grande, a la luz del sol si era más oscura. Un especialista en algo que ni ellos mismos recuerdan les dijo que quizás la luz del sol ayudaría a crecer a la sombra. Caminaban bajo el sol y pasaban horas sentados recibiendo sus rayos, poco a poco la sombra crecía hasta casi ocupar su tamaño real. Llegó la hora de volver al colegio.
Al principio los niños lo esquivaban, más por la presión de sus padres que por otra cosa, pero pronto sus amigos volvieron a jugar con él y su madre superó su crisis nerviosa.
Con el paso de los años al no quedar pruebas físicas ni un origen de lo sucedido algunos especialistas estirados se atrevieron a sostener que todo había sido debido a un episodio de alucinación colectiva.














sábado, 28 de diciembre de 2013

La princesa azul. Cuento infantil



Había en un país muy lejano una hermosa e inteligente princesa que era el orgullo de su padre y la admiración de todos los ciudadanos. Su padre, el rey, decidió que su hija era demasiado valiosa para tomar como pareja a cualquiera y conociendo, por su cargo real, como eran de fantasmas los nobles y ricos del lugar que no paraban de cortejarla, después de hablar con su hija llegaron al acuerdo de que lo mejor era confinarla en una torre desde donde ella podría escoger al pretendiente adecuado. La Princesa Azul sólo puso como condición que le permitieran llevarse como mascota al dragón que la maga del reino le había regalado por su mayoría de edad; el dragón estaba conectado por un hechizo al corazón de la princesa, por lo que cuando ella estaba contenta no paraba de gruñir y echar pequeñas llamaradas por los boquetillos de la nariz pero cuando se enojaba, bueno cuando se enojaba mejor no estar por allí. La Princesa Azul le puso corazón de nombre a su dragón por motivos evidentes.
La princesa y el dragón lo pasaban muy bien en su torre, ella estaba en la habitación más alta y debajo dormía el dragón, gracias a eso hacía tanto calorcito en su cama que podía dormir en tirantes y pantaloncitos cortos, cuando llegaba algún pretendiente por la noche a cantarle alguna serenata al salir ella al balcón con tan poca ropa los dejaba afónicos con su belleza; pero como ella era tan inteligente no se dejaba convencer con halagos y falsas promesas de amor, en esos momentos corazón intervenía y la mayoría de falsos pretendientes huían colina abajo con sus pelos chamuscados, hasta los del pecho.
Todos los días paseaba a lomos de su dragón, corazón la llevaba por todos los rincones del país y saludaban a todos sus habitantes que estaban muy orgullosos de su buen sentido común.
Un día llegó un noble con verdaderas promesas de amor, a la princesa le pareció que podría ser una buena pareja y usando la lógica le dijo que pasaría una temporada en su castillo para tomar la decisión definitiva, el noble afirmó que sólo su presencia colmaría su corazón para toda su vida aunque terminara rechazándolo. Corazón se relamió preguntándose si tendría la oportunidad de comerse un hombre tan bien alimentado.
Tras varios meses la princesa empezó a encontrarse triste, corazón cada vez estaba más afligido y había perdido su apetito, en lugar de la vaca que se comía cada día ahora se conformaba con una cabra; la delgadez de corazón empezó a preocupar a la Princesa Azul. Aunque el noble la colmaba con todo su riqueza sin negarle el más mínimo deseo, incluso llegó a subirles el sueldo a los sirvientes y empleados del castillo porque a ella le pareció que estaban mal pagados.
Pero ni su corazón ni el dragón pudieron llegar a sentir algo auténtico por aquel hombre. ¿Cuál era el problema? Pues el problema era que aunque noble la tenía muy bien atendida y la princesa no tenía que trabajar ni preocuparse de nada, él pensaba que la mujer tenía que obedecer al hombre, estar siempre a su disposición y nunca salir sin él. Ella se sentía como un pajarillo enjaulado y una noche sin luna partió a lomos de corazón de vuelta a su torre.
Allí pasó otra temporada hasta que llegó un hombre aunque sencillo muy rico; tenía tierras y molinos de cereales y le gustaba trabajar el mismo. La Princesa Azul cansada de no hacer nada pensó que un poco de trabajo no le vendría mal. Se fueron a la casa del campo del hombre y princesa se divertía limpiando, cocinando e incluso cultivando un pequeño huerto; hasta corazón ayudaba recogiendo las vacas que se extraviaban, lo único que tenían que ponerle un bozal para que no se las comiera todas.
Pero de nuevo tras varios meses, la princesa empezó a sentirse cansada, el trabajo era constante, no se podía imaginar que una casa de campo diera tanto trabajo y aunque el hombre era bueno, sólo quería trabajar y nunca iban a fiestas o de viajes; por lo menos su cuerpo se había puesto fuerte. Al poco en cuanto llegó la siguiente noche sin luna, partieron ella y su dragón con gran alivio de corazón cansado de perseguir vacas a las que no podía comerse.
Su padre comprensivo siguió alimentando a ambos en la torre y eso que corazón necesitaba de mucho dinero dado su apetito voraz.
Pasaba el tiempo y Princesa se decía si no sería mejor quedarse en la torre con corazón y disfrutar de aquel lugar con lo que había aprendido en el campo ya podía cuidar ella sola de la casa y cultivar un huerto para alimentarse; el único problema era alimentar a corazón que necesitaba una vaca al día y su padre no iba a consentir con ese gasto para siempre.
Cómo estaba cansada de hombres con dinero en cuanto aparecía un carruaje lujoso corazón se lanzaba desde la torre y le chamuscaba el techo.
Al tiempo llego un deportista, el mejor del lugar; pensó que no estaría mal, hacían carreras, subían montañas, nadaban en lagos y lo mejor es que los fines de semana salían a bailar; poco a poco se fue sintiendo mejor y aprendió a divertirse; el problema era que el deportista competía mucho y no estaba seguro de querer un compromiso para siempre. A ella le gustaba mucho pero necesitaba en su vida alguien que se hiciera cargo de corazón y con el deportista el dragón corazón tenía que quedarse muchas noches sólo en casa.
Volvió a la torre, tras varios intentos con un carpintero, … y un masajista, que tenía unas manos de maravilla. Un día mientras jugaba con la cola del dragón que dormitaba pensó que era una mujer inteligente y fuerte, y que como había aprendido a trabajar podría buscar un trabajo y buscarse una casa y mantener ella a corazón.
Sin dudarlo se fue a la ciudad, se puso a trabajar y buscó una casa con un jardín para su dragón corazón. Al principio trabajaba mucho y cobraba poco pero por lo menos ya no tenía que aguantar la procesión de pretendientes y dragón estaba contento trabajando paseando a los niños, aunque para tranquilizar a los padres le tuvo que poner un bozal.
Los días que hacía bueno y no tenía que trabajar paseaba con corazón por el parque de mascotas, bueno en realidad era de perros pero a ella le gustaba llamarlo de mascotas para no sentirse rara llevando a un dragón de paseo. Los perros se habían acostumbrado al dragón y este a pesar de que se los hubiera comido a todos, por culpa de su bozal no le quedaba más remedio que aletear tras ellos.
Un día en el parque de mascotas conoció a un hombre interesante, era agradable y la trataba con respeto y aunque no tenía pareja no se le insinuaba como la mayoría de los hombres. Cada vez pasaban más tiempo juntos y ella le invitó a ir a su casa para conocerse mejor. Corazón echaba pequeñas llamaradas por los orificios de la nariz.
Al tiempo como se gustaban decidieron irse a vivir juntos; a la Princesa Azul le gustaba porque no le pedía que le obedeciera, ni que limpiara la casa o trabajara, ni esperaba que hiciera las mismas cosas que él. Hablaron de casarse en varias ocasiones y si tendrían niños pero no se plantearon obligaciones dejando que la vida fuera llevándolos a su ritmo.
Y este cuento se ha acabado y no podemos decir que fueron felices y comieron perdices pues ambos, como les gustaban tanto los animales, se habían hecho vegetarianos.












domingo, 15 de diciembre de 2013

La abuelita se marchó



Rosalinda era una niña de unos 4 años muy sonriente y muy alegre, a ella le gustaba mucho jugar y se lo pasaba muy bien con su abuelita que le contaba historias de cuando ella era pequeña, porque la abuelita también fue pequeña.
Rosalinda estaba un poco preocupada, bueno en realidad sólo se preocupaba cuando se acordaba de su abuelita pues está se había puesto malita y hacía tiempo que no la veía. El resto del tiempo seguía tan contenta en el cole o jugando con sus amigos.
Ese día todo el mundo parecía preocupado en casa y a ella la dejaron con su prima Rosabella, una primita que tenía ella que ya era mayor, bueno tan mayor como los papas no, pero más mayor que ella. Su mama se fue de casa llorando y a Rosalinda también le entraron ganas de llorar aunque no sabía bien por qué; pero enseguida Rosabella se puso a hacerle cosquillas, que a ella le hacían mucha gracia y no paró de reírse, tanto que casi se le escapa el pipi.
Su prima le dio de comer y como mamá tardaba en volver le pregunto que donde estaba. Rosabella se quedó en silencio como si no supiera que decir, «igual es que no lo sabía» pensó Rosalinda.
Al rato su prima le dijo que mamá estaba en el hospital con la abuelita, como ella por suerte no sabía lo que era un hospital, le explico que es el sitio donde iban las personas cuando se ponían malas para ponerse buena.
Rosalinda le preguntó si la abuela volvería pronto cuando se hubiera puesto buena y Rosabella se quedó callada. Después de un rato le dijo que igual la abuela no volvía, en realidad que lo más seguro es que la abuela no volviera. Ella se puso triste pues le gustaban mucho las historias de su abuelita.
Cómo no entendía preguntó por qué.
Rosabella le dijo sonriendo que ya la abuelita estaba descansando y no volvería con nosotros. Rosalinda pensó que en verdad la abuelita siempre se quejaba de lo que le costaba moverse y hacer las cosas, así que estaría cansada. Pero ella no entendía que tenía que ver que estuviera descansando a que no volviera con ellos, así que se quedó mirando a Rosabella con cara de no entender nada.
Su prima que además de lista era muy guapa, le hizo una sonrisa de oreja a oreja y la cogió en brazos, acunándola le explicó que las personas cuando se hacen mayores y se ponen malas, terminan yéndose para siempre a descansar, que se van al cielo o algún lugar parecido. Ella se metió el dedo gordo en la boca y se chupó el dedo, eso la tranquilizaba y ella no sabía porque pero no le daba miedo que su abuelita no volviera.
Su prima continuó diciendo que como su abuela era tan buena seguro que iría al cielo, que es un lugar donde se está muy bien y muy tranquilo y que desde allí estaría viéndolas y sonriendo por lo guapas y listas que eran. Rosalinda sonrió pensando en lo orgullosa que estaría su abuela de ella.
Su prima también le dijo que a veces las personas cuando llega el final de su vida y se mueren, porque eso es lo que le había pasado a su abuela, vienen en nuestros sueños a despedirse y a decirnos que están bien. Rosabella se quedó callada y como seguía acunándola, Rosalinda se quedó dormida.
Soñó que estaba sola y echaba de menos a mama, después se acordó de la abuelita y no sabía dónde encontrarla, ya iba a empezar a llorar cuando la vio a lo lejos recogiendo flores en un prado, que es lo que más le gustaba hacer a la abuelita cuando era joven y vivía en el campo. Se acercó corriendo a su abuelita y aunque la cuesta era muy grande su abuela la esperaba sonriente al final y le dio un abrazo campero como decía ella. Apretándola con sus brazos hasta hacerle parecer que estaba dentro de un huevo cálido y mullido. Su abuelita le susurró que la quería mucho y que era muy feliz de estar con ella.
Se despertó sobresaltada con el ruido de la puerta de la casa al cerrarse, su mama entró en la habitación con la cara compungida y le hizo un gesto afirmativo a su prima, después se agachó y la cogió a ella en brazos besándole la frente. En ese momento Rosalinda no supo si la acunaba su mama o su abuelita a la que escuchaba reír.
Consejo para los padres:
Este cuento se puede leer a los más pequeños durante el periodo de duelo para facilitar el mismo. Para los más mayores se les puede contar antes del fallecimiento de un familiar enfermo o como aprendizaje sobre la vida.