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lunes, 26 de junio de 2017

El viejo de la montaña. La llegada, 1ª parte

Desde la cueva se divisaba la amplitud salvaje del valle, tapizado de un impenetrable bosque; una senda apenas marcada serpenteaba por la ladera hasta ese antiguo refugio estival de cazadores. Hacía muchos años que no se usaba, cuando decidió fijar su residencia en este balcón a la naturaleza salvaje a un día de camino de la aldea más cercana. La soledad y la montaña eran sus compañeras y sus maestras; dominando la cueva como reina de la montaña, una mole pétrea de más de tres mil metros de altitud le contemplaba hace ya decenas de años.

La llegada

El anciano estaba con las piernas cruzadas en la posición de loto meditando frente a la pared de su cueva, junto al fuego siempre encendido. Concentrado como estaba no se percató, o quizás sí, de la presencia de dos personas en la entrada de la cueva.
“Hola tío”, las palabras retumbaron sonoramente en su interior. El anciano no se inmuto. El hombre de mediana edad sin atreverse a entrar grito: “Tío, estoy aquí, he venido.”
La chica que lo acompañaba con cara de fastidio murmuro: “El viejo está sordo” e hizo ademán de entrar; su padre le agarró firmemente del brazo y le hizo entender que tenían que esperar su permiso.
Varios minutos después el anciano empezó a moverse, se levantó moviéndose torpemente con sus entumecidas piernas por la meditación; y deslumbrado por la luz del atardecer veraniego se acercó a la entrada.
Esperaron en silencio.
“Hola sobrino, ¡Cuánto tiempo!, han pasado muchos años, has envejecido mucho” exclamo el anciano con una amplia sonrisa.
Un poco avergonzado contesto: “Es verdad tío, han pasado muchos años desde la última vez… más de 15. No he podido volver a venir”, la última frase se debilitaba mientras la pronunciaba sabiendo lo inútil de esa excusa.
“Claro sobrino, claro… Es muy difícil abandonar las comodidades de la vida urbana. La familia, el trabajo, una buena cama…” dijo el anciano sin abandonar su amplia sonrisa. “¡Has venido con compañía!, interesante”.
El hombre estaba cada vez más incómodo, no sabía cómo abordar el tema que le había traído hasta allí. Mientras, el anciano comenzaba a despejar una zona de la cueva ante el fuego; la temperatura adentro era agradable, ni frio ni calor, en la puerta se notaba el frio de la cercanía de la noche del final del verano.
“Tío necesito hablar contigo a solas un momento”, era un ruego más que una petición.
El anciano se acercó a él con rostro severo “Sabes que no me gustan los secretos, lo que tengas que decirme, dímelo ahora.”
El hombre trago saliva unos instantes, “Esta es mi hija, tiene 19 años, necesito que pase un tiempo contigo… ha tenido problemas”. La chica golpeaba el suelo con evidente disgusto, tenía el pelo moreno largo, alta, le sacaba la cabeza al anciano, había salido a su padre.
El anciano volvió a sus tareas, organizar una cama en el suelo, poner un caldero grande con agua al fuego. “Entrar que ya se acerca la noche y comienza a hacer frio.”
El padre tomó del brazo a la chica haciéndole entrar en la cueva, se sentaron en unos tocones de madera que había acercado el anciano al fuego. La chica no podía disimular su disgusto. Observo la cueva en silencio, su techo ennegrecido por el humo de años, estanterías en un lateral con alimentos, tarros con plantas, utensilios diversos. Que de porquerías se dijo a sí misma. Había una mesa tosca de madera y cajones grandes todo hecho a mano. A pesar de todo no daba impresión de suciedad o abandono pero era un sitio horrible para vivir.
Salió de golpe de sus pensamientos, cuando se dio cuenta que tenía la cara sonriente del anciano frente a la suya, dando un respingo.
“Así que está es tu hija, ha crecido mucho desde la última vez que la vi en fotos, se ha convertido en una mujer muy hermosa… No debiste dejar de venir sobrino, he echado de menos esas semanas que pasabas en verano conmigo… pero seguro que tú las has echado más de menos que yo”.
“Ya lo sé tío, pero la vida ha cambiado mucho en estos últimos 50 años que ha pasado usted en la montaña… la verdad es que no pensaba que volvería a verlo con vida.” Estaba incomodo por lo que acababa de decir y por lo que tenía que seguir diciéndole. “Necesito su ayuda, que ayude a mi hija a desbloquear su vida y yo sé que una temporada con usted en la montaña la ayudará.” La chica lo miro sin poder disimular su odio.
“Lo sé sobrino, lo sé; y te estoy agradecido por haber continuado preocupándote durante todos estos años para que el envío llegará cada 15 días, continuando la labor de tu padre; y gestionando mi patrimonio para sufragar los costes. Pero eso no es el tema.” Dejando lo que estaba cocinando al fuego se acercó a la chica. “Dime niña, ¿Quieres quedarte con este viejo?”
Con desagrado la chica respondió. “No soy una niña.”
“Tío tiene que ayudarme, los problemas que ha tenido son serios, ha estado todo el verano en un centro de desintoxicación.” Dijo el hombre con evidente angustia.
“Problemas, problemas” repitió el anciano, “Siempre problemas”, volvió a cocinar. “¿Qué problemas tiene?, dime sobrino.”
“Drogas y sexo, tío” las palabras se le atascaban en la garganta y sentía como le dolía el pecho, no entendía que había hecho mal para que su hija se portara de esa manera.
“Bueno vamos a comer, después os conviene acostaros… después del día de marcha por la montaña estaréis agotados.”
“Bueno tío hemos subido a lomos de mulas hasta el punto de encuentro, si no ella no hubiera llegado hasta aquí… y yo tampoco. Nos esperan en la cabaña para volver mañana”. Dejó de hablar pues todavía no sabía la respuesta de su tío, no sabía si volvería solo o acompañado, lo que hacía aumentar su angustia por toda la situación, le costaba un poco respirar.
“Sobrino tienes que cuidarte más… hacer más ejercicio…”, el anciano se levantó poniendo la olla en la mesa, les indicó que se sentarán acercándoles unos precarios cubiertos. La chica apenas comió, su padre dio buena cuenta del guiso de arroz con raíces y hierbas.
“Ven sobrino, tengo una novedad desde que tu no vienes que quiero que veas”, a unos metros de la cueva una pequeña acequia circulaba con agua hasta un pequeño estanque lleno de plantas acuáticas, el anciano se puso a fregar los cacharros con tierra y agua. “Ya no tengo que caminar tanto para coger agua”. El anciano había construido cavando el solo una acequia de cientos de metros para desviar el agua del arroyo hasta la puerta de la cueva.
“¿Dejarás que se quede?” le pregunto angustiado su sobrino sin poder caer en la cuenta del trabajo de meses que suponía construir aquello para un hombre solo.
“Mañana será otro día, ve a descansar” le replicó el anciano sin inmutarse.
Los ronquidos del hombre atronaban en el interior de la cueva, a pesar del cansancio y de estar agotada, la chica no podía dormir, envuelta en una manta se acurrucaba en la entrada de la cueva observando el inmenso cielo estrellado de final del verano. Mientras escuchaba música con los cascos de su móvil.
El anciano se sentó junto a ella, varios minutos después le quitó los cascos para que le escuchara, “Dime niña ¿Quieres quedarte aquí?, ¿Entiendes lo que eso significa? Si lo haces tendrás que vivir como yo y atenerte a mis normas, sin caprichos, no habrá condescendencia”.
La chica lo miro, mientras le escupía estas palabras “No soy una niña, viejo” sin poder disimular su disgusto.
“Si soy un viejo, tienes razón; llevo aquí 50 años en la montaña, no sé nada de la vida moderna… pero a mis 80 años puedo dejarte atrás varias horas andando por esta montaña y sin mi estarías muerta en una semana. Tú decides si quieres quedarte”.
“No puedo viejo, mi padre me ha dicho que si no me quedó aquí, me internará en un instituto de régimen militar para chicos conflictivos… no sé qué es peor, eso o está montaña de mierda”.
“Tú decides” le dijo mientras se levantaba para entrar en la cueva y disponerse a dormir.
A la mañana siguiente el anciano al incorporarse con el alba, vio a la chica donde la había dejado con la cabeza apoyada en la piedra, se había dormido con los cascos puestos en la entrada de la cueva. Acercándose la tomó en brazos, a pesar de que pesaba más que él, con cuidado de que no se despertara, para recostarla junto al fuego pues tenía las manos heladas. Observo en silencio su hermosura, era una chica muy guapa, de piel fina con un cuerpo hermoso y proporcionado, sus curvas volverían loco a cualquier hombre. Hacía muchos años que no estaba tan cerca de una mujer, que no sentía un cuerpo femenino. Se levantó olvidando sus pensamientos disponiéndose a preparar el desayuno.
Cuando lo tuvo listo se acercó a padre e hija y con sus pies los despertó para desayunar. Lo hicieron los tres en silencio.
Mandó a su sobrino a fregar los platos, después de un rato mirando a la chica le pregunto “¿Qué decides?” ella le contesto sin mirarle con un escueto “Me quedo.”
Cuando el padre volvió a la cueva el anciano levantándose le dijo “Es hora de marchar sobrino”. Este recogió sus cosas, cuando estuvo preparado, dudando que hacer se acercó a su hija y le dio un fuerte abrazo, al principio ella se resistió pero al final se fundió con él, algo en su interior le recordaba que hace mucho tiempo quiso y adoró a su padre pero no lograba recordar como lo olvidó.
Con lágrimas en los ojos abrazó al anciano mientras le decía “Cuida de ella tío, es lo único bueno que he hecho en mi vida.”
El anciano lo acompañó un poco sin mediar palabra.

Continuación. Los primeros días, 2ª parte







Nuestra personalidad

Todos tenemos heridas profundas en nuestro interior; heridas emocionales en el interior de nuestra mente, fruto de la herencia recibida por parte de la neurótica sociedad en la que vivimos; más otras heridas, en el interior del espíritu, que podríamos incluir dentro del concepto de karma; fruto de nuestras anteriores encarnaciones y que se ponen de manifiesto para limpiarlas o cumplimentar sus aprendizajes.
Esas heridas que conforman nuestra personalidad traumática tienen la finalidad de impulsarnos en su superación, con la finalidad de transcender nuestras tendencias autodestructivas, que nos apartan de una vida plena. También es verdad que, mientras estamos sujetos a nuestros condicionantes traumáticos, por tanto encadenados al sufrimiento, es difícil valorar y aceptar que nuestras heridas a sanar son el camino de nuestra propia transcendencia.
No voy a decir que el bebé nace con el único impulso de amar y ser feliz, pues ya ha adquirido por ósmosis emocional las neurosis de la madre durante su gestación; si se ha gestado en un mal útero, como decimos en terapia regresiva, la angustia puede estar ya anclada en él; eso unido al trauma del nacimiento, donde se marcan todas las características traumáticas de origen kármico que después se afianzaran durante la infancia. El espíritu, al escoger un feto en el que encarnarse, y decidir voluntariamente las pruebas y aprendizajes que desarrollara en esa existencia, si está anidado por ese impulso de búsqueda de la felicidad; que (aunque después a lo largo de su gestación e infancia irá siendo tapado por múltiples capas de personalidad traumática) permanecerá en lo más hondo de nuestro ser como una búsqueda anhelante de amor y felicidad. Búsqueda que como resultado de nuestras tendencias egoicas confundiremos con la posesión, el deseo, el dinero, el poder, la fama, el sexo, etc.

Dicen: doblega tu voluntad, destruye tu ego.
Si perdemos nuestras manos, ¿Cómo haremos la voluntad del cielo?
Conócete a ti mismo, repiten sin cesar. Pero ¿quién se atreve a mirarse de verdad frente al espejo?
Como ya dije una vez, tengo los 7 pecados capitales… y mis virtudes son infinitas. ¿Te atreves a reconocértelas a ti misma?

Todos esos patrones traumáticos de nuestra personalidad que conforman nuestro ego, palabra que no deja de ser un concepto mental creado por Freud en el siglo xix; por lo que, como muy bien dicen los budistas, no tiene sustancia. Se traducen a nivel energético en bloqueos o zonas de energía oscura en nuestro cuerpo astral. Por eso hablo tanto de limpiar nuestra energía, es decir, de eliminar esos bloqueos, de sanar nuestros problemas emocionales e ir liberando esos patrones traumáticos de nuestra personalidad. Porque no olvidemos que para transcender nuestro ego, debemos antes sanarlo.
Para liberarnos de los condicionamientos traumáticos de nuestra personalidad, en primer lugar debemos ser conscientes de ellos y aceptarlos, ese es el primer paso para liberarlos. Si está anclado su origen en nuestro inconsciente por ser demasiados traumáticos, deberemos recurrir a alguna terapia que nos ayude a adentrarnos en nuestro inconsciente para liberar esos patrones inconscientes. A mí personalmente las que mejor resultado me han dado y mis preferidas son las regresiones, el Reiki y últimamente la terapia de luz; aunque sé que hay muchas otras muy válidas como la respiración holotrópica, la gestalt, sonido, etc. No descarto la validez de ninguna terapia, siempre que sirva para el momento y el nivel de conciencia de la persona que necesita ayuda. Además, la meditación no deja de ser una excelente herramienta de autoconocimiento, combinada con las regresiones, y el Reiki a mí me ha dado unos resultados espectaculares.

“El problema de los patrones inconscientes que conforman los patrones traumáticos de nuestra personalidad, es precisamente eso, que sean inconscientes...
En el momento que nos hacemos conscientes de ellos, y de su origen, empiezan a disolverse por sí mismos.
Dando paso a una personalidad más libre y a una vida más plena.”

De todas formas nuestro ego y nuestro karma no se transciende porque se anulen, sino cuando conocemos completamente todos sus vericuetos y artimañas para dominarnos, solo cuando conocemos íntimamente nuestros condicionantes podemos expresarnos en libertad.

Como muy bien dice el maestro zen Dohushô Villalba, transcendemos nuestro yo egoico-mental cuando comprendemos que somos algo más que nuestra actividad mental. En ese momento, nuestro ego pasa de esclavizarnos a ser nuestro más fiel servidor.






domingo, 25 de junio de 2017

Historias de Terramar

He terminado de leer el volumen "Historias de Terramar" De Ursula K. Le Guin, maestra de escritura de fantasía y de vida, donde se recogen los 5 cuentos escritos por ella ambientados en el universo fantástico del archipiélago de Terramar. En ello he encontrado algún eco del precedente "El señor de los anillos" de Tolkien pero sobre todo semillas de inspiración para los  posteriores Harry Potter de J. K. Rowling y la "Canción de Hielo y Fuego" , más conocida como Juego de Tronos, de George R. R. Martin. Las Historias de Terramar, careciendo de sexo y violencia explicita, son unos excelentes relatos para todos los públicos llenos de perlas de sabiduría en los que la autora al final no deja de hablarnos sobre la vida y nuestro camino interior.

Me gustaría compartir con vosotras algunas de esos destellos de sabiduría que han resonado en mi con intensidad y que modestamente creo que a todas nos pueden decir algo:

Vuestro soy, no sólo por parentesco y tradición, sino también por el compromiso que tengo con vosotros. Más es tiempo de recordar que soy vuestro servidor, pero no vuestro sirviente. Cuando sea libre de volver, volveré. Hasta entonces, adiós.

La mano tenebrosa que durante toda la vida le oprimiera el corazón, la había soltado ahora. Pero no sentía alegría… Lloró por los años que había permanecido esclavizada a un mal inútil. Lloraba de dolor porque era libre.
Lo que estaba empezando a descubrir era el peso de la libertad. La libertad es una carga pesada, extraña y abrumadora para el espíritu que ha de llevarla. No es cómoda. No es un regalo que se recibe, sino una elección que se hace, y la elección puede ser difícil. El camino asciende hacia la luz; pero el viajero que soporta la carga acaso no llegue jamás a la meta.

¿Te das cuenta, de que un acto no es, como creen los jóvenes, lo mismo que una piedra que levantas del suelo y arrojas lejos, que da en el blanco o yerra, y nada más? Cuando levantas la piedra la tierra se aligera y la mano que la sostiene es más pesada. Cuando la arrojas influye en los circuitos de los astros, y allí donde golpea o cae, el universo cambia. De un acto cualquiera depende el Equilibrio del todo… Hemos de aprender a mantener el equilibrio. Somos inteligentes, y no hemos de actuar en la ignorancia. Somos capaces de elegir, y no hemos de actuar sin responsabilidad. ¿Quién soy yo, aunque pueda hacerlo, para castigar y recompensar, para jugar con el destino de los hombres?

El consejo de los muertos no es provechoso para los vivos.

…En nuestra mente. El traidor, el yo, ese yo que grita: ¡Yo quiero vivir, y que se pudra el mundo con tal de que yo viva! La pequeña alma traicionera que hay en nosotros en la oscuridad… Nos habla a todos. Pero sólo algunos la comprenden… los héroes, los que buscan ser ellos mismos. Ser uno mismo es una cosa rara, y grande. Ser uno mismo para siempre, ¿no es más grande todavía?

Somos tan corteses, nada más que señoras, señores y maestros, nada más que reverencias y cumplidos… Pero como ya no era una muchacha, no sintió temor sino sólo asombro ante el modo en que los hombres organizaban su mundo hasta convertirlo en esa danza de máscaras, y ante la facilidad con que una mujer aprende a danzarla.

… su poder es el poder de los hombres, sus conocimientos son conocimientos de hombres. La hombría y la magia tienen su base en una misma roca: el poder les pertenece a los hombres. Si las mujeres tuviesen poder, ¿qué serían los hombres sino mujeres que no pueden dar a luz? ¿Y que serían las mujeres sino hombres que pueden hacerlo? (En este párrafo si cambias magia por espiritualidad y lo lees de nuevo encontrarás más sentido en él)

...
…¿Por qué les temen los hombres a las mujeres?
-Si tu fuerza depende solamente de la debilidad del otro vives aterrorizado –dijo Ged.
-Sí; pero  parecería que las mujeres le temen a su propia fuerza, que sienten miedo de ellas mismas.
-¿Les enseñan alguna vez a confiar en sí mismas?

-No, no nos enseñan a confiar… Si el poder fuese tener confianza… Todo parece tan superfluo… El verdadero poder, la verdadera libertad, residiría en la confianza, no en la fuerza.






De esta escritora también he leído la excelente novela de ciencia ficción: "La mano izquierda de la oscuridad"





Entre dos aguas

Siempre entre dos aguas...
entre el deber y el placer...
entre la familia y la libertad...
Siempre entre la mente y el corazón...
entre el deseo y la represión...
entre el sexo y el dolor...
Siempre partida en dos...
entre los sueños y la rutina...
entre el cariño y el temor...
Siempre entre la perdida y el amor...
entre tu y yo...
entre vivir o morir...
entre dejarse llevar por el viento de la vida
o continuar amarrada con todas tus fuerzas a lo conocido...









Síndrome de abstinencia

Tengo vagos recuerdos, retazos de una pesadilla, que parece que he vivido y no está tan lejana…
Ausencia, no estabas, no había nadie, nadie llenaba el vacío insondable de mi interior
Recuerdo días pesados, necesitando imperiosamente tu presencia, cualquier presencia, debatiéndome con el desaliento y el desamparo…
Dolor y desazón que no encontraban consuelo, pero me parece un sueño, un sueño desagradable y mezquino que me cuesta trabajo recordar y que no estoy seguro si he vivido…
Era una cuarentena horrible, que intentaba mantener, sin esperanza y sin sentido, sin calor humano…
Y Ángeles que me ayudaron, que estuvieron junto a mí, como Analía y Julieta, que acudieron a mi llamada consciente o inconsciente como Susana y Desi, y otras que aunque no directamente sí estuvieron pendientes de mi como Inma, Mery, Pepi, y tantas otras que me dieron palabras de apoyo y que seguramente también debería nombrar pero no lo hago por no cometer la injusticia de omitir a alguien…
No sé si algo murió o algo se llenó, sólo que algo cambió, que aunque el vértigo, la desorientación y el caos de mi mente continúan, ya no hay desaliento ni desesperanza…
Me cuesta concentrarme, estar centrado en algo, pero no vivir. La sonrisa comienza a sustituir al rictus y aunque nervioso siento seguridad en este momento, confianza en mí…
Ahora toca construir algo nuevo aprovechando el trabajo en lo echado a perder, parafraseando una de la máximas del I ching, que hermosa y que plena de sentido; toca aprender a modificar como un tigre, como hace el hombre noble según el I ching…
Tocando los cuencos me preguntaba qué hacer, hacía donde dirigir mis pasos si no soy un salvador, si es un error pretender salvar a nadie, ayudar a costa de uno mismo…
Guiar y peregrinar fueron la respuesta, si tu camino es vivir la vida enseñando a otras a transformar su existencia, enseñar a amar y a ser libre solo puede hacerse amándose una y permitiéndose ser libre…
Lo demás son palabras vacías si no están respaldadas por la actitud y sacrificios mortificantes intentando salvar o reconfortar a las demás…

Guiar y peregrinar es un koan para ti, quizás la respuesta sea vivir tu vida como sientes que debes vivirla…









martes, 20 de junio de 2017

jueves, 15 de junio de 2017

¿Dónde está el mar?

¿Dónde está el mar?
¿Dónde está la verdad?
Zozobrando entre tus olas.
¿Dónde están tus espinas?
¿Y mi sangre?
En tus pétalos de rosa.
¿Dónde está el amor?
Navegando por mi mar
¿Más a dónde irá?
Quizás la brisa lo guiará,
brisa ardiente, brisa helada,
sólo tu decidirás.
Dónde encontrarás tu mar.