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Copyright Francisco José Del Río Sánchez 2008

viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Una nueva Guerra Mundial?

Interesante este articulo publicado en Internet: Guerra energética

Paz.

jueves, 11 de septiembre de 2008

La locura

"El incienso dibuja,
mira el bebe.
La sonrisa de Buda."


"Mis padres, mi yo.
Mi familia, mi karma.
Ayudan a mi luz."


"El despertar una quimera.
Los patriarcas, locos.
El zen, nada."


A nadie.

Basso y Nangaku

Hay un Mondo famoso en el zen, entre Baso y Nangaku:

Se encontraba Baso solo en el dojo haciendo zazen, su maestro Nangaku al verlo, le pregunto: ¿Que haces?. A lo que Baso contesto: "Intento convertirme en Buda."

El maestro se marchó y volvió al poco, y se sentó junto a su discípulo. Despreocupadamente comenzó a pulir un trozo de azulejo. Baso intrigado le pregunto: ¿Que haces?. "Intento hacer un espejo", contesto Nangaku.

No podemos convertirnos en Buda, porque ya lo somos. ¿Que es despertar?, comprender nuestra autentica naturaleza y dejarla que se exprese plenamente a través de nosotros. Pero siempre ha estado ahí, no podemos obtener ni comprender nada. Todo está en nosotros y nuestra luz está en nosotros esperando que le demos la oportunidad de brillar deslumbrando al universo.

Por eso también en el zen se usa otro dicho que dice: "Si encuentras un Buda en el camino, cortale el cuello." Y este otro: "Si ves un demonio dale diez bastonazos, si ves un buda dale diez bastonazos."

Solo nosotros podemos recorrer nuestro camino, las experiencias de otros solo pueden orientarnos o inspirarnos. Desconfiar de aquellos que saben cual es el camino que os conviene. Pero no usar esto de excusa para seguir a vuestro ego. Ningún camino se recorre con comodidad ni haciendo solo lo que nos apetece.

El mejor compromiso es con uno mismo.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Zen japonés II

En su excelente libro, "El maestro y las magas", Jodorowsky cuenta como su maestro Ejo Takata, partió a Japón y dejo su Dojo de México al cuidado de su discípula más aventajada.

Esta en poco tiempo retiró los cojines negros y sustituyo todo por alfombras de colores, cojines de colores, cortinas de colores, no dejo nada que recordase a un Dojo Zen. Jodorowsky ante esto, dejo de ir al dojo, esperando la vuelta de su maestro.

Tras varios meses el maestro volvió y arrojo por las ventanas toda las cosas de colores que encontró en el dojo, prohibiendo la entrada a todos los que se habían quedado en el dojo.

Cuando Jodorowsky fue a verle, Ejo Takata le dijo: "México no necesita un zen para intelectuales". Y comenzo a practicar con los campesinos.

Cuando llegamos al dojo, no entendemos nada, ¿Por que tenemos que recitar un sutra ininteligible?, de que sirve el ritual, para que hacer sanpai, por que ir de negro, esto es una secta, con lo que me duelen a mi las piernas por que tengo que estar sentado sin moverme. la moqueta me da alergia, si me duele la espalda por que tengo que mantenerla derecha, etc, etc, etc...

Y en verdad de estos comentarios el único acertado es que el zen es una secta, y una de las más destructivas, pues va limando poco a poco sin que nos demos cuenta nuestro ego.

Y nosotros mientras cuestinando una tradición de milenios, totalmente contrastada como una tecnologia altamente eficiente para nuestro desarrollo espiritual.

Y lo último, para que necesito ir al dojo si puedo meditar en casa.

Pues eso...

No hay mejor sitio que en casa para seguir a nuestro ego.

martes, 9 de septiembre de 2008

El barco negrero

Veo la cubierta de un galeón, enormes olas barren la cubierta, el palo mayor esta roto, se que es el fin, pero como he llegado a esto...

Soy marinero, una vida de brutalidad, nos tratamos como animales, peleas y agresiones se suceden, la bodega del barco esta llena a rebosar de seres humanos encadenados en posición horizontal a literas corridas, hacen sus necesidades unos sobres los otros. El hedor es insoportable.

Mientras realizo las tediosas rondas por la bodega, me entretengo dando golpecitos en los pies de estos desdichados. Una noche los marineros sacan una muchacha de la bodega y la llevan a nuestro dormitorio, todos la violamos, incluido yo, a pesar de sentir pena por ella no puedo evitar dejarme arrastrar por el deseo. La devuelvo a la bodega y le doy algo de comer.

Estoy de nuevo en la tormenta, el mástil ha caído al agua y apenas puedo distinguir la cubierta...

Me agarro al mástil que flota en medio del mar embravecido, siento como el frió se apodera de mis huesos y como las fuerzas me abandonan, me hundo en el mar, es una muerte dulce sin resistencia. Justo antes de desfallecer me acuerdo de esos pobres seres que han muerto sin poder luchar por salvarse, encadenados a ese gigantesco ataúd.

¿Que he aprendido en esta vida?...

Comprender el sufrimiento de los demás, antesala de la compasión.

Mi hija Ana

En la biblia, Juan 21:15-23, aparece este fragmento, atribuido a Jesus:

"De cierto, de cierto te digo: Cuando eras joven, te ceñías la cintura, e ibas a donde querías,
más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y será otro quien te ceñirá la cintura,
y te llevará a donde no quieras."


Como muy bien lo comenta Jodorowsky, en su excelente Evangelios para sanar, una vez domado nuestro ego, la divinidad se expresa a través de nosotros.

Pero traigo este fragmento porque me recuerda a mi hija Ana, que con casi 10 años, es un ejemplo de ego en formación, su frase preferida es "yo quiero". Me recuerda a mí hasta hace unos años.

Es preciosa verla afirmando su naciente personalidad, pero también es una llamada de atención para que no dejemos de prestarle atención ante la llegada de su hermanita.

Pero volviendo al ego, sin un ego formado, no podemos trascenderlo, y como ya he dicho otras veces sin un ego sanado no podremos nunca despertar. Y siempre tenemos más ego del que creemos.

El otro día vi la película "Hacía rutas salvajes", y el protagonista no paraba de quejarse del daño que le habían hecho sus padres. Y es verdad los padres hacemos daño a los hijos, pero a su vez los hijos hacen daño a sus padres en cuanto tienen la oportunidad. Y solo podemos romper esta cadena comprendiendo por que actuamos así, comprendiendo a nuestros padres y dándonos cuenta que el daño que nos hicieron lo escogimos nosotros.