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Copyright Francisco José Del Río Sánchez 2008

jueves, 12 de diciembre de 2013

Nuestro vuelo de Ícaro



Cuenta el mito que Ícaro con la ayuda de su padre se construyó unas alas enormes con plumas de aves unidas con cera. Con ellas ambos escaparon del lugar donde se encontraban encerrados. El padre antes de emprender el vuelo advirtió a Ícaro que no volara muy alto pues el Sol derretiría la cera de las alas, pero él, joven e impetuoso se dejó llevar por el placer de volar y lo hizo cada vez más alto acercándose irremisiblemente al Sol, al poco sus alas se deshicieron y cayó al mar ahogándose.
Por otro lado Jodorowsky comentaba en uno de sus libros como el principal enemigo para nuestro despertar estaba junto a nosotros, las personas que nos rodean no desean que despertemos, que podamos cambiar nuestra vida, que pongamos en peligro el status quo existente y las relaciones energéticas de beneficios secundarios que emanan de los conflictos personales y familiares.
Cuando empezamos a ser conscientes y se produce una apertura en la mente que nos permite ver la vida de otra manera, es como si nos libráramos de un peso que teníamos encima, nos elevamos igual que Ícaro y creemos que ya somos libres para volar. Tenemos tendencia a mirar sólo hacia arriba y nos olvidamos de donde procedemos y lo que es más importante de los elementos moldeadores de nuestra traumática personalidad que comienzan a aflorar de su latencia en el interior de nuestro inconsciente. Si no estamos atentos a su importancia y a la importancia de abordarlos, aceptarlos e integrarlos en nuestra nueva visión de la vida pueden llegar a convertirse en auténticos soles que derritan nuestras alas, haciéndonos caer una y otra vez cada vez que intentemos levantar el vuelo.
Jodorowsky aconseja prudencia en publicitar nuestros logros, en esto nuestra vanidad y nuestra necesidad de cubrir nuestra inmensa carencia afectiva nos hará ignorar la advertencia golpeándonos de nuevo contra el fango. Por otro lado el maestro zen Dokushô Villalba recomienda paciencia para no correr delante de nuestros avances y actuar con pies de plomo no lanzándonos a un irremisible vuelo de Ícaro por culpa de nuestra precipitación. Además la adulación, los celos, las envidias, etc de los que nos rodean no son una buena ayuda y existe el peligro de por una excesica precipitación e ingenuidad que nos cansemos de intentar volar y nos hagamos a la idea de que nada puede cambiar, renunciando a nuestras alas.
No debemos rendirnos pero tampoco actuar alocadamente. Todo lo expuesto con anterioridad se puede entender y estar de acuerdo pero realmente sólo lo comprendemos cuando pasamos por la experiencia.
Suerte, valor y confianza.


El viaje a ninguna parte. Cuento infantil



Una niña estaba jugando en el parque, su padre que la había llevado la observaba sentado mientras ella giraba subida en un aparato para dar vueltas, como se estaba mareando de tanto dar vueltas cerro los ojos y se cayó al suelo.
Cuando pudo abrirlos se sorprendió pues ya no estaba en el parque sino en el patio de un colegio lleno de niños corriendo, se levantó pero aquel colegio no le resultaba familiar ni conocía a ninguno de los niños que veía. Una niña de su edad se le acercó y le preguntó si era nueva en el cole.
Ella respondió que no, que ella no era de ese colegio, entonces la niña le preguntó que como había entrado si no era de allí. La niña se encogió de hombros pues la verdad es que no tenía ni la más remota idea de cómo había llegado hasta allí.
En eso estaba cuando la niña de ese cole le dio un empujoncito y saliendo corriendo le decía: ─ A que no me pillas cara de tortilla.
Ella sin pensárselo dos veces salió en su persecución cruzando el patio entre los niños que jugaban. Estuvieron dando carreras sin mucho sentido hasta que sonó la campana de final del recreo. En ese momento la niña se acordó de que no era de ese colegio y no sabía que hacer. Se limitó a subir las escaleras con su nueva amiga en silencio pues pensaba que cuando llegara a la clase no tendría silla ni mesa donde sentarse pues en su clase cada niño tiene su silla y su mesa.
Y en efecto se sentaron todos y ella se quedó de pie pues no tenía sitio, la profesora se acercó a ella y le dijo: ─Me parece que te has equivocado de clase.
La niña asintió con la cabeza.
─¿Cuál es tu curso?─ le preguntó la profesora. Ella se encogió de hombros pues aunque tenía un curso, como todos los niños, no era de ese colegio y cuando la llevara la profesora no sería el suyo de verdad.
─¿No te acuerdas? No importa iremos juntas a buscarlo─ le dijo la profe tomándola de la mano.
Recorrieron varias clases que correspondían a su edad pero ninguna era la suya ni las profesoras la reconocían. La profesora estaba extrañada y ella empezaba a preocuparse pues quería irse de allí y volver al parque con su papa pero no sabía cómo ni cuál sería la puerta para salir a la calle.
Se le ocurrió que podría decirle a la profe que tenía pis y cuando fuera al cuarto de baño buscar la puerta de la calle. La profe la llevo al servicio y le dijo que la esperaba fuera. Su plan se había chafado ahora no podría irse, pero bueno ya que estaba allí y de verdad tenía ganas para hacer pis, aprovecharía para hacerlo. Cuando terminó y después de ponerse bien la ropa tiró de la cisterna y observó que el agua giraba como un remolino dentro de la taza, daba tantas vueltas que se mareó de nuevo por lo que cerró los ojos y volvió a caerse al suelo. Al abrirlos vio a su padre que sonreía diciéndole: ─Anda de tanto dar vueltas te has caído.
La niña miró a su alrededor y comprobó que estaba de nuevo en el parque y le preguntó a su papa: ─¿He tardado mucho en volver?
El padre la miro y dijo: ─el tiempo justo de caerte.
Ella no entendía que había pasado, se disponía a contarle a su padre lo que le había pasado cuando una amiguita llego y empujándola, que casi se cae al suelo pues estaba todavía un poquito mareada, le grito haciéndole burlas: ─A que no me pillas cara de tortilla.
La niña salió corriendo y se olvidó de todo, más tarde al volver a casa se acordó de nuevo, pero ya no sabía si había pasado de verdad o había sido un sueño.


La flor. Cuento infantil



Había una vez un hermoso prado verde que estaba lleno de flores, las había de todas las formas y colores. Nada más salir el sol todas las flores se abrían y enseñaban sus maravillosos colores… todas menos una que permanecía cerrada. A las flores les encantaba el sol y pasaban todo el día hablando de lo agradable que era el calorcito del Sol en sus pétalos, las abejas así como otros insectos volaban de flor en flor esparciendo por todos lados motas de colores.
Un día tras otro las flores observaban que había una que siempre estaba cerrada y empezaron a preguntarse qué le pasaría, algunas dijeron que igual estaba mala, otras que a lo mejor estaba dormida y por algún extraño motivo no sabría que había salida el sol. Pero pronto se olvidaban de ella pues en cuanto calentaba un poco el sol no paraban de mirarlo y de comentar entre ellas lo bien que se estaba.
Un día un crisantemo, que es una flor muy serio, decidió que era hora de saber porque la flor no se habría nunca. Así que le habló a la flor:
─Perdona amiga, pero todas estamos muy preocupadas porque no te abres nunca.
La flor no pareció enterarse
─¿No te encuentras bien?─ le preguntó en voz alta.
─ Eh ¿qué pasa?─ dijo la flor desperezándose.
─Perdona que te molestemos pero es que nos gustaría saber por qué no te abres como nosotras.
─Estaba dormida… es que a mí no me gusta el sol.
─¿Cómo? Que no te gusta el sol─, todas las flores se llevaron a la vez los pétalos a la cabeza. No se lo podían creer una flor que no le gustaba el sol.
─A mí me gusta la Luna y por eso no me abro de día sino de noche─ prosiguió explicándoles la flor.
Las flores no entendían nada pues la noche era para dormir… y además la luna, la luna no podía compararse con el sol. La luna no daba calorcito.
Ese día transcurrió de forma revuelta y algunas flores estuvieron tan trastornadas que les costó trabajo cerrarse al caer la noche. Pero en cuanto la luna iluminaba la noche la flor nocturna se abrió alegrando la cara de la luna. Un murciélago que divaga por el prado al ver la flor abierta se posó en ella y bebió su néctar con deleite; porque como sabéis las flores producen néctar que es un líquido muy delicioso y que atrae a los insectos, algunos pájaros y hasta a nuestro murciélago despistado.
El murciélago siguió con sus divagaciones nocturnas, que consiste en dar vueltas sin saber muy bien a donde se va, hasta que vio otra flor como la anterior y sin pensárselo dos veces se posó también en ella, depositando el polen de la otra flor germinándola, al tiempo se formó una semilla que al caer al suelo, hizo nacer otra flor nocturna por lo que las flores nocturnas cada vez se sintieron menos solas.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Esperar



A principios de 2011 mi blog contaba poco más de 3000 visitas acumuladas, hasta ese momento, durante los dos años y medio anteriores había escrito en él con la única finalidad de compartir mis experiencias, mis sentimientos y mis reflexiones por si a alguien le podían interesar y porque me gustaba hacerlo.
En ese momento, por circunstancias de la vida, decidí profesionalizar lo que hacía, creé el proyecto Mago Blanco y me centré en promocionar el blog y darle un contenido más didáctico. Empecé a ocuparme de cuantas visitas recibía y de cómo difundir mis escritos, pues al final la palabra escrita si no se lee es palabra muerta. También intenté dedicarme de forma profesional al trabajo esotérico. Tres años después los frutos no han sido escasos, el blog acumula casi 250.000 visitas, he publicado 3 libros: una novela, un manifiesto y la guía de médium donde recojo todos mis conocimientos hasta el momento. Si bien a nivel personal y espiritual las gratificaciones han sido inmensas, a nivel económico o de vanidad han sido más bien mediocres; por suerte tengo mi trabajo “normal” que me permite mantenerme a flote. Pero que nadie crea que yo vivo de esto, ahora mismo es una pasión o una vocación que intento que no me cueste dinero.
Reflexionando me ha dado cuenta que he perdido esa frescura de escribir por escribir, si bien mis escritos han aumentado enormemente en calidad y capacidad de transmisión; siento que tanto preocuparme en que me lean, en que me entiendan y en que me compren, me ha alejado del espíritu del principiante que como bien dice el zen debemos intentar no perder para que el aroma que desprendemos siempre este fresco.
Hablando con una amiga he sido consciente de que en nuestra vida, una vez satisfechas medianamente nuestras necesidades materiales, debemos centrarnos en hacer cosas que nos satisfagan, que nos gusten por sí mismas, sin esperar recompensas ni a corto ni a medio plazo. Y si nos marcamos un objetivo que los medios para alcanzar ese fin nos hagan disfrutar de lo que hacemos y nos gusten en sí mismo.
Esperar algo siempre nos encadena al sufrimiento, actuar esperando obtener un resultado siempre nos lleva a una decepción; debemos tratar de olvidarnos de como creemos que deben ser las cosas, así como de lo que creemos que debemos hacer y centrarnos en lo que nos gusta hacer, sin pensar en lo que creemos que debemos recibir o merecemos recibir por nuestros actos.
Ahora todo esto que acabo de escribir se me tiene que meter en esta cabezota dura que tengo.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cambiar el mundo



Cuentan una historia de una aldea que nunca recibía la luz del sol pues una montaña lo impedía, ante la falta de sol los niños crecían débiles y enfermizos, los aldeanos asumían su situación con conformismo. Un día un anciano salió del pueblo con una cucharilla en la mano, sus vecinos le preguntaron dónde iba, a lo que él respondió que a quitar la montaña, !Tu sólo con una cucharilla!, no acabarás nunca, le dijeron; a lo que él respondió, alguien tiene que empezar.
Esta historia que creo leí en un libro de Jodorowsky la traigo a relación con lo que comentaron algunos de enviar luz al planeta, la tarea es ingente y cada cual puede hacer con su luz lo que desea, sólo voy a aconsejar que cuando se envíe luz se ponga cuidado en pedir la luz al universo y que esta baje y a través de nosotros vaya a la persona o personas. Esto debe de ser así para no descargarnos mucho, además debemos de poner cuidado de que el sentido de la energía sea sólo de ida, si no nos protegemos o la energía negativa es muy densa o una fuerza oscura está al otro lado de nuestra corriente de luz y es más fuerte que nosotros puede aprovechar la conexión para venirse a nuestro lado.
Entiendo, a mí me ha pasado, que nos duele el sufrimiento ajeno, que nos gustaría que el mundo fuera un lugar más justo y con menos maldad, nos gustaría que todo cambiara a nuestro alrededor, pero al final toda la energía que dediquemos a intentar cambiar a los demás se difuminará porque sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos. Mientras nuestra energía es oscura y estamos rodeados de negatividad nos sucederán cosas negativas si nuestra energía se vuelve luminosa y estamos rodeados de energía positiva nos sucederán cosas positivas. Los demás serán mejores si nosotros somos mejores; evidentemente si nuestro entorno es muy negativo será difícil salir de esa espiral de negatividad pero no imposible.
Todo esto me recuerda la discrepancia principal entre las dos ramas más importantes del budismo, mientras la hinayana sostiene que tenemos que centrarnos en la salvación individual la mahayana, a la que pertenece el tibetano y el zen, sostiene que sólo puede haber salvación colectiva a través de un despertar colectivo. Sinceramente creo que debemos despertar y ayudar a los demás a despertar, pero primero debemos barrer nuestra casa, como se dice en mi tierra, antes de querer barrer la de los demás.
Sin olvidar nuestra responsabilidad social en el mantenimiento de las desigualdades y las injusticias sociales; hay gente mala por naturaleza pero la mayoría se hace mala como consecuencia de un orden social injusto basado en intereses económicos egoístas y es nuestra responsabilidad trabajar por una sociedad más justa, libre y solidaria.