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jueves, 1 de junio de 2017

Ayer estuve riéndome

Con la risa más elevada que puede sentir el ser humano, la provocada por una misma, fruto de la observación de nuestras propias neurosis, nuestras fantasías sin base real, nuestras creencias irracionales aprendidas y heredadas de nuestro entorno y nuestras circunstancias personales fruto de nuestras propias decisiones.
Me tumbé en el suelo mirando el techo con los ojos abiertos, intentando dejar pasar los pensamientos, manantial inagotable que no cesa de mostrarte realidades mentales, pensamientos neuróticos, fantasías e ilusiones diversas y de pronto saltó un resorte en mi interior y comencé a reír porque nada de eso es importante, realmente ni siquiera eres tú, ni tampoco es real.
Te ríes ante el cúmulo de despropósitos en que has convertido tu vida, pero es una risa sin juicio, liberadora, sin ofrecer nuevas alternativas que te embrollen de nuevo en la locura de tu existencia. Ríes sin poder refrenar esa risa porque sólo te ríes de ti mismo, de tu locura de creer que lo que piensas tienen algún sentido y que además va a tener algún reflejo en la realidad.
Te liberas por un momento de ti misma y descansas, estás contenta, parece que no necesitas nada, pero sabes que esto también es una ilusión, porque sientes tu dolor en tu interior como un magma incandescente deseoso de brotar a la primera ocasión, lo sabes y eres consciente de ello, sólo has tocado el cielo con los dedos. No luchas contra tu interior ni intentas mantener tu bienestar, solo disfrutarlo, te sientes animada. Después por la tarde te vas a la playa y disfrutas del sol y del mar, nadas, sientes la caricia del mar mientras lo atraviesas.
Te tumbas al sol, la playa está llena, hay cuerpos atractivos, te gustan, pero no deseas, no quieres estar con nadie, sientes como no deseas que se te acerque nadie de nuevo, aunque no sepas estar sola después de 30 años de estar en pareja.
He olvidado que profundos conocimientos sobre mí misma provocaron en mí esa risa irrefrenable y me cambiaron el humor, pero esos son los mejores, aunque no lo creáis, los que se olvidan, pues no se han producido en la mente analítica sino en capas más profundas y más efectivas de nuestra mente.
Durante estas últimas semanas he reflexionado mucho, he llorado, he reído, por lo menos un día y me he dado cuenta de muchas cosas, algunas llevo dándome cuenta y repitiéndolas años…
Siempre he buscado un sentido a mi vida, sin encontrarlo, sintiendo que vivía una vida vacía y sin sentido, he comprendido que ese sentimiento, como tantos otros, era heredado, he comprendido que la vida sólo tiene un sentido vivirla y que nadie va a llenar nuestra carencia afectiva. Sólo nosotras mismas podemos aprender a amar, empezando por ti misma, sólo tú puedes ser feliz, la felicidad que te proporcionan los demás o que las cosas te salgan como a ti te gustaría que salieran, ayudan pero son siempre efímeras. No conozco otra forma de alcanzar la felicidad, si es que existe, que amándote a ti misma, abrazando tu oscuridad, tu dolor, respetándote y sobre todo siendo muy sincera contigo misma.

Y no hay recetas mágicas, las terapias ayudan, meditar ayuda, los amigos ayudan, las parejas ayudan, los hijos ayudan, los éxitos ayudan pero los fracasos también, pero la única que puede ser si misma eres tú, nadie más puede provocar ese cambio en ti. Es algo que requiere mucho compromiso, sinceridad, amor propio y respeto, y que no se consigue pensando por mucho que nos esforcemos en ello porque es lo que nos han enseñado.








1 comentario:

Alma dijo...

Solo yo puedo ser feliz...cuesta tanto eso